Viajamos, conocemos gente nueva, costumbres diferentes a las nuestras, mentalidades que pueden chocar con lo que estamos habituados a ver, hacer, pensar. Pero aún así, junto a todas estas nuevas experiencias, también descubrimos que los habitantes de este diverso planeta tenemos muchas cosas en común…
La literatura, el arte, el deporte, nuestros sentimientos hacia la familia y los amigos, nuestros miedos, incluso cosas que pueden parecernos tan distintas como el paisaje que rodea nuestras casas, o nuestra gastronomía. Pensémoslo un poco. Después de todo, no nos resultan tan extrañas las cosas que vemos en películas estadounidenses, inglesas o francesas.
El cine es una de esas grandes fuentes que unen a ciudadanos tan diversos en todo el mundo.

Observemos por unos momentos la imagen. Charlot, E.T., y “Mi Tío”, Jacques Tati. Personajes creados en países diferentes, Inglaterra, Estados Unidos y Francia, y en épocas muy alejadas entre sí. Y aún así, todos los reconocemos, seamos de sus países originarios, o bien de otros: en España, Portugal, Italia o Hungría. No importa. La imagen de estos tres geniales personajes nos llevan a todos nosotros, seamos de donde seamos, a un mismo sitio; y esa es, precisamente, una de las razones por las que son considerados tan “geniales”: a pesar de su (y nuestra) diversidad, consiguen que todos compartamos unas mismas imágenes, referencias, e incluso recuerdos. Y lo que es más importante: una misma risa. Reírnos abiertamente junto a gente de la que nos pueden separar tantas cosas es una de las experiencias que más nos unen, que más nos hacen pensar que no somos tan diferentes en el fondo, que estamos más cerca de lo que pensamos, y que no tiene por qué haber tantas diferencias entre nosotros…

